452ºF #12
Historia y usos hispánicos de la teoría


En el año 2013 se cumplieron los sesenta años de la publicación del primer libro de Roland Barthes, Le degré zéro de l’écriture, y en el 2014 ―en el que se publicó la convocatoria del monográfico de este número―, treinta de la muerte de Michel Foucault. 1953 y 1984 pueden marcar, tan enfática como arbitrariamente, el comienzo y el fin de una época de la historia intelectual francesa que hoy podríamos llamar, retrospectivamente, «el tiempo de la teoría»: un tiempo de crisis en el que el pensamiento, la política y la literatura llegaron a desestabilizarse mutuamente. Treinta años nos separan del cierre de esa época de efervescencia que constituye una de las raíces vivas de nuestro actual entendimiento de la literatura. El presente monográfico, correspondiente al número 12 de la revista 452ºF, pretende inquirir cómo se comunicó hasta nosotros ese pensamiento y, por lo tanto, qué nos une y qué nos separa de él.

Si aquella época ya es historia, esa distancia posibilita una mirada analítica y reflexiva sobre nuestras propias lecturas de ese archivo con el fin de entender algo mejor la contemporaneidad de nuestros discursos críticos. ¿Qué nos liga y qué nos separa de ese tiempo? ¿Qué implicaciones tiene la institucionalización y la normalización universitaria de la teoría? Y, ya en un registro polémico, como se preguntaba la publicación argentina El ojo mocho hace ahora veinte años: «¿Se puede salvar la teoría?».

Los usos de la teoría en los diversos contextos hispánicos piden una puesta en común que muestre a través de casos concretos las estrategias de apropiación y las transformaciones discursivas. Para estudiar esta problemática, este monográfico correspondiente se centra en los casos de Argentina y de España, dos de los contextos más importantes en la recepción de este pensamiento.

Para ello, el número se abre con una sección de Testimonios críticos, la cual cuenta con aportaciones de Enric Sullà, Nora Catelli y Beatriz Sarlo. En estos textos, algunos de los protagonistas de esta historia toman la palabra y acotan tres momentos y tres situaciones: la «invasión teórica» en Cataluña y en España a finales de los sesenta y principios de los setenta (Sullà); la acomodación de esas teorías en el panorama crítico español y sus distancias respecto a una cierta actualidad internacional a finales de los ochenta (Catelli); y, finalmente, una mirada retrospectiva sobre la obra de Roland Barthes y una reivindicación presente de su lectura en nuestros días (Sarlo).

Sullà, catedrático recién jubilado de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universitat Autònoma de Barcelona, empezó a estudiar en esa misma universidad en el curso 1968-1969, año en el que, junto con la promoción de versiones renovadas del marxismo y de la semiótica, «l’estructuralisme era a l’ambient». En «Esperant els bàrbars» vuelve sobre las publicaciones de la época y sus propias lecturas, y pone en perspectiva algunas de las líneas principales de introducción del pensamiento crítico francés, trazando un mapa de la recepción del estructuralismo a finales de los años sesenta y principios de los setenta en Cataluña y España.  Los bárbaros a los que se refiere Sullà en su escrito son «no tan sols els estructuralistes sinó tots els pensadors francesos (i estrangers en general) que són esperats pels ciutadans d’un país sufocat, perquè l’han volgut aïllar fent-li creure que no li cal res de fora perquè ja ho té tot, un país, doncs, la gent més inquieta del qual espera paradoxalment que els forasters li resoldran els problemes que no ha sabut o no pogut resoldre».

El segundo texto de la sección es «Retórica y jergas en la crítica contemporánea», conferencia impartida por Catelli en Barcelona en 1987. Respondiendo al título del curso en el que se insertaba, la autora se preguntaba por una doble cuestión. Por un lado, por los límites de la crítica en España («afirmaríamos que los límites de la crítica son, aquí, los límites de sus críticos»); y, por el otro, de modo más ambicioso, por «los límites teóricos del discurso crítico en la reflexión actual». La distancia que separaría al uno del otro («un hiato, un auténtico vacío») era el punto de partida de su reflexión. De ese modo, Catelli planteaba «la exigencia de una lectura de la teoría de la crítica contemporánea», sin por ello «descuidar el análisis y la descripción de la crítica en España, porque es nuestro punto de partida y es nuestro medio natural». Su conferencia, que podemos leer hoy a la vez como intervención y documento histórico, era un diagnóstico de la asimilación de la teoría y trataba de situar histórica y contextualmente lo que por entonces presentaba como «este paisaje peninsular tan decepcionante». Tras repasar las principales líneas de problematización de la teoría literaria del siglo XX, Catelli se detenía en la obra de Paul de Man para señalar la pregnancia de lo retórico en la crítica contemporánea. «El trabajo sobre la figuración, sobre la retórica», afirmaba entonces, «es la puerta estrecha por la que deben pasar los discursos críticos. Los cargos usuales contra la desconstrucción (rigor monótono, circularidad obsesiva, utilización de una jerga) son también síntomas de la conciencia creciente de lo retórico en todos los discursos».

Esta sección de testimonios se cierra con el escrito de Sarlo «Barthesianos de por vida», de 2005. La autora, una de las máximas responsables tanto de la renovación crítica argentina de los setenta, a través de la revista Los libros (1969-1976), como de una cierta crítica posterior de esa tradición a partir de finales de los setenta, con la fundación de Punto de vista (1978-2008), presenta y reivindica a Barthes al mismo tiempo. Sarlo, que recuerda la importancia de la literatura en la escritura de este autor, ejemplifica a través de él una cierta relación de intimidad de la crítica con la literatura. Y afirma: «Los que seguimos leyendo a Barthes somos barthesianos de por vida».

Tras estos Testimonios críticos, publicamos el artículo invitado de Miguel Dalmaroni: «Resistencia a la lectura y resistencia a la teoría. Algunos episodios en la crítica literaria latinoamericana». En él se exploran algunos debates de la crítica reciente en América Latina y, especialmente, en Argentina, sin dejar por ello de situarlos en un espacio teórico general. En el marco de la «resistencia a la teoría» de la que hablara Paul de Man, el artículo aborda las «resistencias a la teoría de la lectura»; y, en relación a estas, Dalmaroni recuerda a su vez una última: aquella «resistencia irreductible de la literatura (y del lenguaje) a ser leída, a ser teorizada, es decir capturada (olvidada, reprimida) alguna vez ―de una buena vez― por una “gramática” capaz de explicarnos su “lógica”». Partiendo de ahí, Dalmaroni traza un arco y sitúa a dos autores en cada uno de sus extremos (entre los cuales cabría situar un espacio de posibles): Robert Darnton en uno, con su acercamiento social y cultural, y Maurice Blanchot en otro, con una teoría de la lectura literaria como exceso o falta. El autor señala cómo la Historia de la lectura en el mundo occidental de Roger Chartier y Guglielmo Cavallo se despreocupa del «papel activo, creativo e insubordinado de los lectores, los usuarios o receptores» sobre el que el propio Chartier había insistido en otros textos e indica cómo en este y otros escritos rige un cierto vocabulario destinado a conjurar «el peligro del desvío abstracto, metafísico, subjetivista o poético al que, parece, conduciría cualquier desplazamiento hacia la pregunta filosófica o teórica». Ligada a esta cuestión, Dalmaroni se refiere «en la crítica argentina» a «tres generaciones de historias de la lectura». El artículo se cierra con unas conjeturas que tratan de enmarcar un trabajo crítico que no escamotee «la resistencia que la literatura ofrece a la lectura» y, por lo tanto, «el residuo de indeterminación que toda ocurrencia de palabra siempre arroja». Esta resistencia de la literatura y las conjeturas que la acompañan ―las cuales presentan la lectura como falta y al lector literario como marcado por una hiancia (el lector literario no es el lector social y cultural)― parecerían políticamente preferibles a otras teorías, según el autor, siempre que se apueste por «una ética de firme y radical sesgo emancipatorio».

Este monográfico se completa con cuatro artículos agrupados geográficamente. Los de Vicenç Tuset Mayoral y de Ester Pino Estivill están dedicados a la historia de la teoría en España. El artículo de Tuset, «Herencia estilística y voluntad de renovación en la crítica literaria española de los setenta. Algo sobre Dámaso Alonso, Carmen Bobes Naves y Antonio García Berrio», estudia cómo el estructuralismo fue recibido en España a través del tamiz de la estilística de Dámaso Alonso y de su lectura de Saussure. Para ello, Tuset analiza las lecturas de Bobes Naves en La semiótica como teoría lingüística y de García Berrio en Significado del formalismo ruso, ambos libros publicados en 1973, y señala cómo «el compromiso humanista» supuso un límite a la recepción del estructuralismo que promovió «un debate con la estilística que inquietará menos de lo aparente sus fundamentos epistemológicos más hondos». Tuset, recordando la revolución epistemológica del estructuralismo, señala que «la sorda hegemonía» de la estilística, «las comodidades de su sentido común y la imposibilidad de quebrar el territorio mismo de la polémica dentro del ámbito académico» fueron rasgos dominantes de la recepción del estructuralismo en España. De ese modo, su lectura propone que «la estilística hispánica, antes que contener o anticipar nada, se convirtió en un techo de cristal teórico que, contra lo aparente, obturó en buena medida la recepción de los aspectos más productivos del nuevo paradigma estructuralista».

Por su parte, Ester Pino aborda en el artículo invitado «L’écriture barthésienne contre l’oubli (vue depuis l’Espagne)» la recepción de la obra barthesiana en el contexto español del fin del franquismo y de la transición democrática. La autora constata cómo «alors que Barthes se confronte au discours réaliste pour affirmer a contrario la prévalence de la forme comme morale, la critique littéraire espagnole oppose un furieux désir de réalité». A través de los ecos de la recepción de Barthes en España, Pino señala cómo el contexto político español lo presentó como un autor ajeno a la problemática del compromiso. Con esas, tanto su «textualismo» como la tarea que encarga al escritor ―no tanto «exprimer l’inexprimable» como «inexprimer l’exprimable»― fueron vistos ―cuando no denunciados― como el producto de una actitud apolítica e, incluso, conservadora. Por todo ello, «la réaction à la théorie barthésienne, plutôt que scandaleuse, a été sceptique» y el nuevo compromiso que proponía en Le degré zéro de l’écriture fue interpretado como una réplica a «l’art engagé que l’on souhaitait réaliser en Espagne». A través de estos análisis, Pino propone, teniendo en cuenta las diferencias entre el campo literario francés y el español, comprender las causas de ese «olvido» de Barthes. Y señala que, en el actual contexto español, una reconsideración de la escritura íntima del último Barthes podría mostrar afinidades con las problemáticas de la memoria histórica, lo que abriría la posibilidad de una reapropiación del legado barthesiano de su último periodo. Si bien la obra de los cincuenta y los sesenta de Barthes fue criticada en España por su aparente ausencia de conciencia histórica, tal como propone Pino, «peut-être un retour à l’œuvre plus intime de Barthes pourrait nous offrir une nouvelle manière de comprendre l’histoire».

El monográfico cuenta también con dos aportaciones relativas a la historia argentina. La primera de ellas es el artículo «Los discursos de la crítica literaria argentina y la teoría literaria francesa (1953-1978)», escrito por mí (Max Hidalgo Nácher). En él abordo de qué manera la teoría literaria francesa contribuyó a renovar la crítica literaria argentina y cómo dicha renovación se articuló en un doble registro político y epistemológico. El artículo, que parte del concepto de discurso foucaultiano, pretende estudiar los límites discursivos de una época tomada como bloque y, paralelamente y en segundo lugar, señalar los usos que la crítica hizo de la teoría y, por lo tanto, cómo la transformó a partir de problemáticas específicas. Para ello, el texto se centra en el estudio de un trabajo crítico desarrollado en gran medida al margen de las instituciones académicas y, de modo eminentemente colectivo, en torno a revistas como Los libros.

Respecto a la cuestión académica, cabe señalar que en Argentina la relación de la teoría literaria con la universidad será sumamente problemática, por obvios motivos políticos, hasta el final de la última dictadura militar. Ahora bien, con la democracia la teoría entrará en la universidad, promoviendo un cambio de valor y función de la misma. Este es precisamente el momento que estudia el siguiente artículo, «Algo más sobre un mítico Seminario (usina teórica de la universidad argentina de la posdictadura)», de Analía Gerbaudo, el cual reflexiona sobre la imbricación de la teoría con la práctica académica en la posdictadura Argentina. La autora estudia ahí el seminario «Algunos problemas de teoría literaria» de Josefina Ludmer, desarrollado en 1985 en la Universidad de Buenos Aires, y muestra de manera meridiana cómo la enseñanza universitaria de la literatura era pensada en la Argentina de comienzos de los años ochenta en muchas ocasiones en relación a un proyecto intelectual de mucho mayor alcance, y con el que la autora de este artículo aparece comprometida. Como señala Gerbaudo, «exhumar estos papeles de “inicios” de Ludmer permite, entre otras cosas, iluminar la relación que se juega entre sus publicaciones y sus clases, descubrir cómo se gestan algunas preguntas que vertebran sus trabajos posteriores (convertidas luego en hipótesis o tesis) y complejizar los interrogantes respecto de su constante gesto vanguardista».

La reunión de estos artículos y testimonios, que pretende contribuir al mejor entendimiento de la historia intelectual de la teoría literaria y, a través de ella, de nuestro propio presente crítico, ha sido impulsada por una convicción: la de que historizar la teoría literaria ―tanto desde su vertiente institucional como discursiva― puede ser, hoy en día, una manera de hacer uso de ella y de reactivarla. Señalar las mediaciones que nos unen y nos separan de otros tiempos y otros espacios puede contribuir a hacer visibles los actuales usos de la misma y, en último término, a situar de manera problemática nuestro propio presente crítico. Confiamos en que este monográfico, que no hubiera sido posible sin la generosa colaboración de un buen número de profesores e investigadores de ambos lados del Atlántico, pueda contribuir a ello.

El número 12 de 452ºF se completa con cinco artículos de miscelánea y una reseña. Isabel González Gil reflexiona en «Valor y kitsch en La muerte de Virgilio» sobre la teoría del kitsch de Hermann Broch y sobre la posibilidad de escribir en una civilización desintegrada, regida por la crisis de valores, como sería la de la primera mitad del siglo XX. En «El arte como horizonte utópico del sentir en La Anunciación», Andrea Castro considera La Anunciación (2007) de María Negroni en el marco de la narrativa argentina de la memoria de la última dictadura militar. El artículo gira en torno a la posibilidad de un horizonte utópico del sentir y del saber que, rompiendo con la preeminencia del vínculo referencial, señala la importancia del arte y de la literatura en la construcción de la memoria y de la Historia. Mazal Oaknín, por su parte, estudia en «The Construction of the Global Female Subjectivity in Lucía Etxebarria’s Cosmofobia» cómo dicha novela representa la vida cotidiana en el barrio madrileño de Lavapiés. El artículo tematiza las fricciones y la conflictividad que se dan en contextos en que personajes de orígenes muy diferentes están en un contacto estrecho, y estudia a través de ello la construcción de la subjetividad femenina. En «Lulu on the Bridge de Paul Auster, una reelaboración cinematográfica del mito de Pandora a través del sueño», Óscar Curieses propone una lectura de dicha obra como reescritura del mito de Pandora, apoyándose en teorías psicoanalíticas y en una problematización de las relaciones entre lo imaginario y lo real. Y, finalmente, Julia Zaparart y Soledad Pereyra estudian en «“Pour une littérature-monde en français”: notas para una relectura del manifiesto» un manifiesto aparecido en Le monde des livres en 2007, en el que cuarenta y cuatro autores cuestionaba la distinción entre «literatura francesa» y «literatura francófona», señalando su origen colonial; y, a partir de dichas reflexiones, analizan Syngué sabour. Pierre de patience del afgano Atiq Rahimi. El número se cierra con una reseña de Javier Rivero Grandoso sobre El género negro: el fin de la frontera, editado por Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero.


Max Hidalgo Nácher



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