452ºF #13
El imaginario chino en otras literaturas: inspiración, apropiación, intertexto


…tracing the specificities of China through their various permutations […]
has something to teach  about the ways the West has thought itself
through its articulations of a set of ideas named «China».

Eric Hayot, Chinese Dreams. Pound, Brecht and Tel Quel, 2011

 

La exposición estrella de esta primavera en el Metropolitan de Nueva York, titulada China: Through the Looking Glass, ha mostrado alta costura de inspiración china firmada por Dior, Yves Saint Laurent o Alexander McQueen junto a túnicas imperiales, bronces, porcelanas y caligrafías de sus colecciones chinas. El comisariado de la muestra ha querido explorar «el modo en que China ha alimentado la imaginación de la moda [fashionable imagination] durante siglos» y, en una explícita vocación post-orientalista, la posibilidad de valorar las «fantasías colectivas de China», entendiendo que no se trata de representaciones precisas o realistas.

Al traer a un primer plano la relación de Occidente con China a través de la imaginación, la exposición ofrece un ejemplo contemporáneo de las percepciones y apropiaciones occidentales de la cultura china para introducir este número monográfico. Así como con los sastres y diseñadores presentados en el MET, China ha alimentado las fantasías de intelectuales, políticos, artistas y, muy particularmente, de escritores, que han localizado sus obras en Chinas ficcionales y han creado juegos de espejos con otros textos, traducciones y versiones. A lo largo de este proceso, el significante «China» ha participado del desarrollo de la literatura mundial y, como dejan de manifiesto los artículos que presentamos, continua proveyendo de inspiración a autores de diferentes tradiciones literarias.

El número 13 de 452ºF indaga sobre la presencia y usos de China y su imaginario cultural en las literaturas del mundo. Puesto que el número 4 es el número infausto en China (pues, «cuatro», es un homófono casi perfecto de, «muerte»), el monográfico está a salvo de la triscaidecafobia –o miedo al número 13. Esta será, no obstante, la única ocasión en la que China hable con su voz. Y es que las siete contribuciones del monográfico nos hablan de escritores y poetas, separados en el tiempo y en el espacio, quienes al acercarse creativamente al país asiático han vestido las lentes de sus intereses literarios, ideológicos, éticos o personales. Más allá de criticar la autenticidad de esas versiones/ distorsiones, el monográfico busca entender las características de una producción literaria variada, compleja, y de gran importancia para la literatura comparada y la teoría literaria.

Académicos jóvenes y establecidos de Chile, Portugal, los Estados Unidos y Cataluña se alternan en el monográfico para discutir articulaciones literarias de China y testificar así la vigencia de la cuestión casi cincuenta años después de la publicación de China in Western Literature, de Yuan Tongli, y veinticinco tras el Orientalism de Edward Said. La mitología occidental de China, surgida en un primer momento (como nota Eric Hayot en The Hypothetical Mandarin) del descubrimiento europeo de una alteridad civilizada y económicamente avanzada, y heredera de una tortuosa historia de admiraciones y recelos (la burocracia admirada por los enciclopedistas y Fu Manchú; el maoísmo sesentayochista y el peligro rojo; el crecimiento de dos dígitos y la sombra de Tian’anmen), llega al globalizado siglo XXI siendo aún objeto de una compleja negociación.

Abre el monográfico el artículo invitado de Manel Ollé, quien en «El veïnat xinès i l’exotisme literari» rastrea la influencia de la poesía y cultura chinas en la literatura catalana del último siglo. Desde la década del 1920 y a través de obras de Joan Ferraté y Joan Perucho, entre muchos otros, Ollé desgrana tres aproximaciones principales: las adaptaciones y reinterpretaciones de poesía china basadas en traducciones de versiones inglesas –Waley— o francesas –Soulié, François Cheng—, la apropiación de China como espacio ficcional y la influencia de la filosofía y el pensamiento oriental. Ollé aprovecha su reflexión para notar la tendencia –en este caso, global— de tratar a los autores chinos como «chinos profesionales» en lugar de hacerlos «vecinos» y compañeros de viaje. El panorama que ofrece Ollé, además de desagregar la influencia china en las letras europeas (más allá de su impacto en las literaturas francesa e inglesa), pone de manifiesto el papel –poco conocido—que China ha tenido para las aspiraciones de la comunidad literaria catalana en su búsqueda de la madurez –esto es, de la nación— y con ella, de su lugar en el panorama internacional.

Dos artículos muestran presencias de China en la literatura producida en Suramérica en distintos momentos históricos. Rosario Hubert («Geographical Distance and Cultural Knowledge: Writing about China in Nineteenth-Century Latin America») se sirve de un diario de viaje escrito en 1860 por el colombiano Nicolás Tanco Armero para examinar los lugares de enunciación que Tanco, de manera estratégica, negocia a través  de su narrativa de China. Como en algunos de los ejemplos catalanes comentados por Ollé, China ofrece a Tanco la posibilidad de acceder a una identidad cosmopolita. Por su parte, Álvaro Fernández Bravo, en «Apropiaciones de la cultura china en la literatura sudamericana contemporánea: contribución para un mapa tentativo a partir de obras de César Aira, Bernardo Carvalho y Siu Kam Wen», analiza diferentes articulaciones de China en la literatura argentina  (el exotismo productivo de César Aira: «Hacerse chino es hacerse escritor»), brasileña (Bernardo Carvalho y el caos reaccionario de una globalidad virtual) y peruana (con los retratos de la diáspora cantonesa en los relatos de Siu Kam Wen). A través de estos ejemplos, Fernández Bravo consigue triangular nociones de periferia y subalternidad y, con ello, complejizar la contraposición con China –ese territorio de excepcionalidades— que tan recurrentemente ha servido para la auto-definición de un Occidente dominante.


Ese «núcleo de la alteridad» ofrecido por China –o que ha parecido ofrecer— es precisamente el trampolín desde el que Carlos Rojas («Writing on the Wall: Benjamin, Kafka, Borges, and the Chinese Imaginary») se lanza a discutir, a través de Walter Benjamin, las obras «chinas» de Kafka y Borges, y la noción de «literatura menor» de Deleuze y Guattari, aspectos de canonicidad literaria así como «the complex dialectics of inclusion and exclusion, construction and destruction, upon which modern Western culture is itself conceived».

La poesía, muy importante en el itinerario histórico de Manel Ollé a través de la literatura catalana, hace su presencia en el monográfico a través de dos contribuciones que analizan casos más concretos. Hui Andy Zhang («Recognition through Reinvention: The Myth of China in the Spiritual Quest of Russian Modernist Poets») se centra en obras de Nikolai Gumilev y Velimir Khlebnikov donde se activan ideas y motivos chinos en el contexto de la Edad de Plata de la poesía rusa (1890-1920). Por su parte, en «El montaje y el gesto (Ezra Pound / Henri Michaux): dos poéticas del ideograma», Fernando Pérez abunda en los diálogos de los poetas modernistas con la lengua china a partir de un iluminador contraste entre las apropiaciones de Ezra Pound y Henri Michaux.

La poética de los libros, de la lectura y la escritura, y la extrema productividad de la distancia y la (in)diferencia respecto a China, subyace en la lectura de Gonçalo Cordeiro de una novela del autor portugués Eça de Queirós («Ler de longe. Questoes de distancia em O Mandarim de Eça de Queirós»). Tras notar la influencia del tropo de tuer le mandarin (matar al mandarín) en la novela, un problema moral planteado en el siglo XIX, Cordeiro, junto a de Queirós, pone en valor un tipo de viaje a China que se inicia con la lectura de un libro y se convierte en la escritura de otro.

Así pues, las «epistemologías ficcionales de China» (de las que ha hablado Rosario Hubert), la gestualidad de Michaux, liberadora del sentido, o las diferentes escrituras desde la distancia (sean Baltasar Porcel, de Kafka o de de Queirós), para nombrar algunas de las prácticas literarias que se destacan en el monográfico, ofrecen vehículos para una sinografía (tal y como ha sido planteada por Eric Hayot, Haun Saussy, Steven Yao o David Porter, entre otros) que, a diferencia de la sinología (y de su aspiración al conocimiento sobre China), se propone el estudio de las formas de escritura producidas e inspiradas por China, de sus significados así como de las condiciones, asunciones y lógicas de un conjunto de prácticas disciplinarias y culturales (ver Hayot, Saussy y Yao, eds., Sinographies. Writing China, 2008).

La sección miscelánea incluye cuatro artículos, de los cuales, por azar (y por la gran riqueza del texto así como la calidad de los artículos), dos de ellos se refieren al clásico castellano El lazarillo de Tormes. José Antonio Calzón García («Construcciones difusas de la identidad: el caso del Lazarillo de Tormes y La velocidad de la luz de Javier Cercas») usa el anónimo picaresco del siglo XVI junto a una novela del autor catalán Javier Cercas para avanzar contribuciones de la lógica difusa para dar cuenta de realidades autoriales distintas y simultáneas en la narrativa auto-ficcional. En «De remakes, zombis y tradición(es): El caso del Lazarillo Z. Matar zombis nunca fue pan comido», Raúl Molina Gil explora un remake zombie del Lazarillo en el contexto de la tendencia a zombificar clásicos como intervención crítica, política e irónica.

En «Agonizante despertar y desesperación ante la muerte: Huellas de Poe en “Destino” de Alberto García Hamilton», Ana María Risco recupera un cuento publicado en 1898 en el periódico argentino La Nación cuya trama, en diálogo con «El entierro prematuro» de Poe, se estructura alrededor de los efectos de la catalepsia y el miedo a ser enterrado en vida. Finalmente, Benamí Barros García («En torno a la función del personaje en la ficción literaria») ofrece una sofisticada reflexión acerca de la dinámica entre la idea del autor (a partir del caso de Dostoievski) y el protagonista (en tanto representante de esa idea), y entre estos y el lector, responsable último de dar vida a esa idea en el complejo y multidimensional acto de la lectura.

Completan este número dos reseñas. Manuel Pavón comenta el riguroso análisis de Andrea Bachner de la poliédrica naturaleza de la lengua y escritura chinas y sus imbricaciones con diferentes formas de lo político en Beyond Sinology: Chinese Writing and the Scripts of Culture (Columbia University Press, 2014), y lo hace estableciendo un diálogo con un título anterior (The Politics of Chinese Language and Culture: The Art of Reading Dragons, de Bob Hodge y Kam Louie, Routledge, 1998) de pretensiones parecidas. Por su parte, Anna Maria Iglesia reseña el Companion to Comparative Literature. World Literatures and Comparative Cultural Studies, preparado por Steven Tötosy y Tutun Mukherjee (Cambridge House, 2013), un libro que participa, así como otros reseñados en números anteriores de esta revista, del creciente interés por la literatura-mundo.

Desafortunadamente, y debido a una –esperemos que temporal— falta de traductores, en este número se interrumpe la traducción de los originales al eusquera. Acabamos recordando que 452ºF es una iniciativa no comercial y sin afán de lucro, siempre abierta a académicos que quieran unirse al equipo internacional de traductores y correctores que hacen posible la revista.

 

 

Xavier Ortells-Nicolau



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