452ºF #16
Más allá del mapa. Imaginarios del espacio abierto en la cultura contemporánea

 


“If it form the one landscape that we, the inconstant ones,
Are consistently homesick for, this is chiefly
Because it dissolves in water. Mark these rounded slopes”

(W.H. Auden, In Praise of Limestone)

 

Lo espacial, las configuraciones y las prácticas espaciales, a partir de paisajes tan disímiles como una isla, una llanura, un desierto, la narración de un recorrido físico o mental, o el dibujo de un mapa de un territorio desconocido, hablan de un impulso en el cine y la literatura contemporáneos de fijar la mirada en estas materialidades concretas para recordarnos de qué modo, el espacio es por definición una fuente inagotable de renegociaciones políticas y de producción de diferencias culturales. En tanto campo fértil para reconstruir procesos históricos de la memoria o bien para desentramar las relaciones complejas entre distintas localidades y regiones en su correspondencia con «lo nacional», la «producción del espacio», para tomar prestada la definición de Henri Lefebvre, es un instrumento fundamental a la hora de pensar el modo en que las sociedades han cambiado.

 

Históricamente, la lectura del espacio geográfico mantuvo una relación privilegiada con los procesos de identificación territorial. En América Latina, por ejemplo, desde el siglo XIX, en la literatura y la pintura, el paisaje o la frontera fueron nodos principales a través de los cuales se pensó la intersección entre formas espaciales, prácticas estéticas y políticas. Ya en el siglo XX los espacios no urbanos y las imágenes de la naturaleza fueron también centrales para la construcción de una idea de nación a través del cine. En el mundo contemporáneo nuevos desplazamientos van dibujando nuevas geografías móviles que afectan manifestaciones artísticas y culturales no sólo en América y Europa, sino también en otros continentes. En Europa, los últimos movimientos migratorios han diversificado la forma de concebir y habitar el espacio y han enriquecido el paisaje cultural, político y lingüístico que se traduce en nuevas maneras de concebir la identidad, la historia reciente y los relatos en torno a la memoria. Así, en países como España, en donde la configuración de la geografía humana y su incidencia en la conformación del territorio actual fue modificada no sólo con las recientes inmigraciones, sino desde los años sesenta con las migraciones internas, los desplazamientos han modificado el modo como se concibe la memoria y la identidad ligadas a los sitios, la región o la nación.

 

Los artículos reunidos en este dossier presentan distintas relecturas de imaginarios geográficos de espacios abiertos, abordando obras literarias o cinematográficas que contribuyen a repensar y redefinir nociones como «territorio», «paisaje», «cartografía», «región» e «itinerario» y los modos como estas categorías se configuran como puente entre la geografía humana, la historia y la estética, permitiendo leer productivamente problemáticas del mundo contemporáneo, que si bien, por una parte, se vinculan con nociones heredadas de lo nacional, por otra, también la subvierten o exceden a ellas.

 

En el caso del campo cultural argentino, pocos espacios se han percibido como más abiertos que el de la pampa. Ya desde el siglo XIX esta geografía en particular era el horizonte de inscripción de valores culturales nacionales e ideologías modernizadoras. A partir de la distinción entre espacios percibidos, concebidos y vividos, y entre espacios y lugares, el artículo «Los espacios abiertos de la pampa argentina», de Aníbal A. Biglieri, analiza múltiples representaciones del «desierto» a través de un recorrido por la literatura de los siglos XIX, XX y XXI. Más allá del impulso metafórico inscripto en el espacio, el autor privilegia una perspectiva humanizada del territorio, considerando los modos en que el «desierto» se convierte en «lugar» cuando se crean «centros», o «puntos de convergencia», cuando la «producción del espacio» adopta formas permanentes o transitorias como rodeos, caravanas, fogones, trazado de rastrilladas, huellas o caminos.

 

Los dos artículos que siguen, también centrados en la pampa argentina, señalan, no obstante, que ya hacia fines de siglo veinte estos territorios vuelven a ser marcas de algo, pero no ya de identidad nacional, sino en muchos casos de lo indecible, de lo que está entre o fuera de la relación entre personas y entorno. La contribución de Fermín Rodríguez, «Señales de vida: ficciones y territorios en crisis», destaca que la frontera territorial que en la literatura argentina marcaba un adentro y un afuera de cuerpos y significados en función de un orden estatal se transforma en el mundo contemporáneo en una «una línea de vida que pasa por el cuerpo biopolítico de la población». Así, los paisajes ruinosos o el campo desnaturalizado de novelas como El aire de Sergio Chejfec o El desperdicio de Matilde Sánchez señalan la importancia de lo biológico, lo somático,  lo  sensorio-motriz, constatando la  realidad  biopolítica  de  lo  corporal  como  objeto  de un  nuevo  régimen  de  significación, en sintonía con  los cambios que el capitalismo ha producido en el paisaje pampeano actual. Compartiendo un mismo horizonte de preocupaciones, a partir de la categoría de «agrotóxico», Lucía De Leone, problematiza la vuelta al campo como un espacio que dista de lo romántico y se acerca más a lo enfermo. En su artículo,  «Campos que matan. Espacios, tiempos y narración en Distancia de rescate de Samanta Schweblin», De Leone se propone examinar representaciones del campo sojero del presente y los nuevos relatos que éste despierta, en virtud del tratamiento de las relaciones espaciales y los entramados temporales en Distancia de rescate de Samanta Schweblin (2014).  En este «escenario pampero donde la naturaleza es desafiada en su propia ley al intervenir y hasta reemplazar sus creaciones, amenazada en su biodiversidad y destruida», se destaca la función de la narrativa para rescatar no sólo la propia vida, sino la posibilidad de contar un nuevo relato rural que parece habitar en los intersticios de un «archivo paisajístico codificado» previo con el cual dialoga y entra en disputa. Nuevas relaciones interpersonales y afectivas y prácticas de movilidad en relación con el espacio aparecen también en otras zonas de la producción literaria argentina más reciente. En este sentido, en el artículo, «La casa en la playa: la costa como frontera», Mercedes Alonso propone un interesante acercamiento al espacio de la playa y su relación con la idea de «frontera». A partir de las novelas rioplatenses, Puras mentiras (2001) de Juan Forn, Diario de la arena (2010) de Hugo Burel y La costa ciega (2009) de Carlos María Domínguez, Alonso estudia el lugar que ocupan las casas en la playa como espacios que, lejos del imaginario turístico, sirven para aislarse del mundo. De este modo, la playa se convierte en un territorio de frontera que alberga sujetos que buscan situarse al borde ―del espacio, de la vida― para producir una transformación.

 

Otro conjunto de artículos del dossier explora productivamente las consecuencias estéticas de aunar formas cinematográficas y cartográficas. Como arte peculiarmente espacial, el cine utiliza determinadas formas cartográficas o, incluso, metodologías cartográficas como modelo de puesta en escena. En «Una  perspectiva cartográfica a la obra de Abbas  Kiarostami a través del análisis del paisaje en Y la vida continúa (1991)», Alan Salvadó y Manel Jiménez consideran la evolución del «découpage» y la imagen-movimiento como formas visuales de mapa que definen el paisaje cinematográfico y el pensamiento cartográfico en un mecanismo de creación y (re)invención de las formas cinematográficas. En el análisis de Salvadó y Jiménez, el découpage y la imagen-movimiento (entendida en el contexto del viaje o del recorrido) no son tan sólo dos formas visuales que la vinculan a la práctica cartográfica, y que recuperan la pulsión geográfica del cine de los orígenes, sino que suponen una forma de humanizar el espacio, ya que el mapa en Kiarostami se convierte «en una forma ética de contemplar el paisaje de la catástrofe, quizá de comprenderlo y de aportar claves interpretativas para hacerlo próximo, familiar e integrado». La cartografía y los desplazamientos son trabajados desde el cine del documentalista Ignacio Agüero, para quien la presencia de los mapas es fundamental como lo constata Valeria de los Ríos en «Mapas y prácticas cartográficas en el cine de Ignacio Agüero». Más allá de la preocupación permanente por el espacio y las prácticas cartográficas que caracteriza a toda la producción de Agüero, el estudio de de Los Ríos se centra en la presencia de la materialidad gráfica y objetual del mapa en los documentales No olvidar (1982), Sueños de hielo (1993) y El otro día (2012) y el modo en que éstos dan cuenta de prácticas que van desde la construcción cartográfica como manualidad o como objeto técnico e institucionalizado, hasta la intervención o apropiación de estos mapas como práctica a la vez corporal y afectiva. 

 

En la literatura y el cine español recientes se destacan reformulaciones de las formas narrativas del viaje como parte de una escritura de la memoria personal, familiar y colectiva en relación con el fenómeno de la migración. En «Viaje a los lugares de memoria interior», Maribel Rams aborda el video ensayo La memoria interior (2002) de María Ruido y logra dar cuenta de los problemas de la memoria y la identidad a partir de una lectura acuciosa del texto visual, en que se perciben tres líneas de trabajo: aquella que aborda el objeto desde la crítica y la teoría del road movie, haciéndola dialogar con la experiencia del cine diaspórico, en este caso particular de los migrantes gallegos en el período desarrollista de los años sesenta en España; la lectura del espacio como lugar de memoria, con las correspondientes observaciones sobre su monumentalidad y también su anomia y, por último, una interesante lectura del video ensayo en que aborda las relaciones entre la imagen, la construcción de un espacio y la subjetividad.

 

La búsqueda o investigación de la identidad gobernada por el tropo del viaje, y la interrogación de los mecanismos de la memoria, se encuentra también en el estudio «Todos los viajes el viaje: teoría y práctica de la literatura en movimiento de Jorge Carrión». En este artículo Sheila Pastor trabaja en torno a la idea de establecer la poética del viaje a lo largo de la obra de Carrión como un  doble compromiso con el viaje desde la literatura y su narración y como práctica  artística. El estudio no sólo moviliza el viaje y la escritura como medio para ordenar y dar sentido a las cronologías vitales, sino que busca dar cuenta de la imbricación de viaje, escritura y vida en una poética en movimiento que entrelaza, ficción y ensayo, teoría y práctica del viaje. En este contexto, Pastor analiza cómo en los desplazamientos de Carrión la discusión sobre la memoria frecuentemente se ve apoyada en los medios digitales y el impulso intertextual ya que «en los relatos de Carrión confluyen todas sus lecturas previas sobre el lugar de destino; por tanto, junto a la preocupación por la identidad, cada viaje también esconde una justificación literaria».

 

La sección miscelánea incluye dos artículos que, desde una perspectiva de literatura comparada, abordan autores y movimientos literarios disímiles pero logran establecer puentes y núcleos en común. En «Brais Pinto: A Short History of the Galician “Beat” Generation», Christopher Herman George analiza este grupo de poetas centrales para la modernización de la literatura gallega y problematiza su asimilación a una generación «beat» en función no tanto de los contenidos temáticos o formales de su producción poética, sino del status casi mítico que el grupo obtuvo en el sistema literario. Por otro lado, Natalia Izquierdo López, en «La filosofía mesiánica de la historia de Walter Benjamin y Varujan Vosganian», aborda la analogía existente entre la filosofía de la historia de estos dos autores que, aun cuando pertenecen a épocas distintas, comparten una misma sensibilidad romántico-anticapitalista. A partir de la comunión entre teología y política, ambos autores desarrollan una sensibilidad desde la cual «orquestan una profunda crítica de la ideología del progreso, frente a la que proponen como alternativa un heterodoxo relato emancipatorio cuyo fundamento radica en el rechazo de la historiografía positivista, la fusión de las luchas profanas y de las aspiraciones mesiánicas y el hermanamiento entre el futuro prometido y el recuerdo de los vencidos».

 

 

Irene Depetris Chauvin (CONICET / Universidad de Buenos Aires)

 

    Macarena Urzúa Opazo (CIDOC / Universidad Finis Terrae)

 

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