452ºF #17
Literatura, imágenes y políticas de la vida

 

 

En los últimos tiempos, los encuentros e intercambios entre las investigaciones de cuño científico enmarcadas en el campo de la llamada «cuestión animal» y el pensamiento artístico —en su faceta creadora y en su faceta crítica— se han enriquecido y extendido hasta el punto de comenzar a delinear los contornos de una nueva perspectiva de estudio: la de la biopoética. Un enfoque de la literatura y de las artes plásticas que, a través de un recentramiento de la noción de vida, propone abordajes transdisciplinares sin perder de vista la especificidad de cada lenguaje y de los procedimientos que les permiten producir formas singulares de pensamiento —pensamiento del animal y del animal humano—. Esta perspectiva expone, asimismo, la necesidad de crear un nuevo diccionario crítico que revise las definiciones atribuidas a categorías tan fundamentales para las disciplinas humanísticas como las de sujeto, subjetividad, vida, viviente, animalidad, conocimiento, creación. Esta transformación del campo de preocupaciones y de las herramientas críticas con las que éste puede ser abordado implica también, por supuesto, una reconsideración del anudamiento arte-vida. Si la epistemología antropocéntrica entiende la cultura como una realidad desligada de la vida animal —es decir, como un proyecto de autocreación y autointerpretación humana—, el punto de vista biocéntrico, fuertemente arraigado en la tradición de pensamiento nietzscheana, la concibe como un fenómeno propio de la vida. El arte no será, así, considerado como una zona autónoma que actúa sobre o se deja inseminar por la vida, sino su modo propio de existencia. Es, en efecto, la relación entre vida y creación —así como lo es la de vida y poder para la biopolítica— la que alimenta y dirige el cauce del pensamiento biopoético.

 

El presente monográfico intenta aproximarse a este nuevo campo de problemas; para ello, recoge una serie de intervenciones críticas que reflexionan sobre los desplazamientos filosóficos, políticos e imaginarios que la emergencia de un punto de vista biocéntrico produce en el ámbito investigativo de las llamadas «poshumanidades». Aunque los artículos que aquí se incluyen tienen orientaciones y tonalidades particulares —en algunos impera de modo más perceptible la voluntad de reflexionar teóricamente, en otros, el interés por rastrear las huellas de una serie de transformaciones conceptuales en producciones literarias o en el campo de las artes visuales, de armar un corpus a partir de un linaje o de hacer dialogar diversos enfoques disciplinares sobre un mismo universo de problemas— se reconoce con claridad que todos ellos se orientan a pensar los límites, múltiples y móviles, que separan la vida humana de la vida animal. Se podría decir que ensayan una limitrofía en la que las prácticas artísticas cumplen un rol epistemológico: ya no son consideradas simplemente como formas de representación, sino también de conocimiento de esos umbrales, de esas zonas de lo viviente donde se produce, junto con otras formas de vida, un pensamiento del otro y de lo otro de lo humano.

 

En este sentido se puede entender la voluntad de algunos de los articulistas que participan del monográfico de recurrir a la imaginación conceptual. En «Literatura y autobiopolítica: aportaciones de Michel Foucault a la teoría de la autobiografía», Álvaro Luque Amo propone la noción de autobiopolítica para articular el interés foucaultiano por la relación entre poder y cuerpo —tensión constitutiva de la biopolítica— con sus últimas reflexiones en torno de la subjetividad como práctica de autoconstitución. El artículo enriquece el campo de estudios de las escrituras autobiográficas a través de una reflexión sobre las «tecnologías del yo» —esas prácticas con las que los sujetos se transforman a sí mismos a través del cuidado de sí y el autoconocimiento—, al tiempo que ofrece una lectura transversal de problemas que suelen abordarse de modo autónomo. Categorías como cuerpo, vida, norma, escritura, poder o saber se imbrican, así, ofreciendo una visión del fenómeno literario que se enlaza con el pensamiento político sin funcionar como ejemplo, causa o representación. En «El animal biográfico», Julieta Yelin, por su parte, ensaya un juego conceptual a través del establecimiento de una relación impertinente entre animal y biografía, nociones que se inscriben en esferas diferentes, incluso opuestas, del pensamiento de la vida. La vida animal no tiene historia, letra, relato; es la vida carente por definición, en tanto nace de la contraposición con la vida humana, dotada —y efecto— del lenguaje articulado. Pero ¿qué pasa cuando esa definición es cuestionada mediante un nuevo enfoque de la distinción entre vida humana y vida animal, o, mejor dicho, mediante la infiltración de la vida animal en el corazón de la vida humana? El artículo dialoga, por un lado, con el horizonte del pensamiento poshumanista en torno de la llamada «cuestión animal» y, por otro, con los estudios sobre el género biográfico, que han comenzado, en los últimos años, a reconsiderar y complejizar el concepto de vida con el que trabajan, tomando como referencia fundamental los aportes de la teoría biopolítica.

 

Esas revisiones teórico-críticas tienen lugar, asimismo, en el campo más extenso de la literatura comparada; sus frutos pueden leerse en el artículo de Irina Garbatzky, «Supervivencia de las cucarachas. Kafka en Cuba a finales de siglo XX», que pone en contacto la tradición kafkiana de narraciones de animales con un corpus de literatura cubana reciente, en una lectura que contempla no sólo la recreación de imaginarios en los que la relación metafórica entre hombre y animal es perturbada, sino también, y de modo muy productivo, la emergencia de la figura del escritor-bicho: ese cuerpo deseante, resistente y huidizo, que inventa para sí una forma anómala, inclasificable, un desvío con respecto a las normativas que dibujan la forma-hombre en el contexto cubano —el artículo recupera la figura revolucionaria del Hombre nuevo— y, con todo ello, un lugar alternativo de enunciación. La obra de Kafka aparece, así, como una llave capaz de abrir nuevas vías de exploración tanto en lo que respecta a la técnica literaria como a las autofiguraciones de autor en la literatura centroamericana. También desde una perspectiva comparatista, en «Enfermedad, lenguaje y vida animal», Miguel Ángel Martínez García aborda un rico corpus de textos literarios hispanoamericanos en los que rastrea y analiza dos vertientes fundamentales del vínculo entre animalidad y enfermedad: por un lado, identifica aquellos relatos en los que se reconoce un proceso de animalización del enfermo, ya sea a causa de la violencia infligida por el discurso médico, las instituciones y las tecnologías terapéuticas, ya por las representaciones que el entorno construye de esos sujetos que han perdido o están en trance de perder la soberanía sobre su propio cuerpo. Por otro lado, el articulista se detiene en aquellos textos que recrean situaciones en las que los enfermos experimentan un devenir animal, es decir, en las que son atravesados por fuerzas de desindividuación, de impersonalidad, haciendo emerger una lengua animal que impugna la norma médica al tiempo que afirma la dimensión resistente y errática de la vida. El problema del control de lo viviente y la inmunización social es asimismo ahondado en el artículo «Controlar e Imunizar: a(s) política(s) do corpo em Intrusion, de Ken MacLeod». Allí Igor Furão examina las consecuencias y las convergencias del control tecnocrático, la manipulación genética y la reproducción asistida a partir de las figuraciones que el escritor escocés Ken MacLeod elabora en su novela Intrusión. ¿De qué modo la ficción ilumina los efectos de dichos procesos del biopoder? ¿Qué alcances proyecta esta ficción acerca de problemas como la eugenesia, el terrorismo y los dispositivos de seguridad? El artículo apuesta por pensar las contribuciones que la literatura, en tanto forma específica de pensamiento, puede realizar a la teoría crítica y a la filosofía, brindándoles sugerentes claves de interpretación del mundo contemporáneo.

 

La perspectiva biopoética permite, por otro lado, repensar la articulación arte-vida desde una óptica diversa a la tradición moderna de la vanguardia, justamente al revisar los límites de la categoría de obra. El problema de la autonomía no refiere a una perspectiva meramente institucional; pensar en sus extensiones y su afuera focaliza el establecimiento de una zona común entre los procesos de lo vivo y las producciones artísticas, una zona de indiscernibilidad que también revisa la convención, aunque ya no para establecer a priori nuevos postulados y nuevos manifiestos, sino para indagar la posibilidad de creación de comunidades de la diferencia. En este monográfico, dichas zonas de construcción entre géneros artísticos diversos, entre vida y obra, así como entre la institución y el margen, se pone en primer plano en tres momentos de reflexión sobre las materias del resto y la inorganicidad que desdibujan la forma humana. En «Las dinámicas de lo viviente: repetición, supervivencia y vidas potenciales», Betina Keizman se pregunta, a partir de la tematización creciente de una infigurabilidad de lo humano en las artes visuales y performáticas, «de qué modo el arte pierde la forma humana, con qué atributos, en qué materialidades, cómo se ligan las condiciones de la forma humana y las disposiciones colectivas». A partir de allí, Fruta podrida, de Lina Meruane, La comemadre de Roque Larraquy, las instalaciones del cuerpo de Juan Pablo Langlois y las marqueterías de Sebastián Gordin —dos novelas y dos proyectos instalativos— incorporan la duplicidad señalada por Michel Foucault, propia de dos instancias del biopoder: los procesos de control y represión de los cuerpos individuales y el despliegue de las potencias de lo vivo como formas creativas de fuga que impulsan nuevas formas de lo político y de tecnologías de lo común. El concepto que allí se propone es el de «vidas potenciales», con el fin de insistir en «un orden de la especulación imaginativa que es intrínseco a las formas artísticas, sobre todo si admitimos el presupuesto de que el arte “ensaya” subjetividades extendiendo los límites de lo humano, en muchos casos, estableciendo nuevas dinámicas con lo vivo, con el entorno y con lo que existe en común». Esta nueva zona, abierta por el desdibujamiento de las formas y la enfatización de materialidades inorgánicas, impulsa una mirada sobre los elementos que se separan y exceden la figuración. ¿Qué sucede con el vestigio, el resto, el fósil, en tanto que materialidades excedentes de lo vivo?

 

En «Parcelas de vida: el arte y sus restos», Isabel Alicia Quintana recupera el problema arte-vida a partir de las nociones de «parcelas de vida», de Georges Didi-Huberman, asociada a una serie de inquietudes teóricas solidarias entre sí: la precariedad, la no persona, el suplemento, el desperdicio. La autora analiza dos casos —la novela Fruta podrida, de Lina Meruane, y la película La mujer de los perros, de Laura Citarella y Verónica Llinás—, que interrumpen la legibilidad de lo humano como espacio sin fisuras en donde se observan parcelas de vida no consideradas como tales, a través de las figuras del enfermo y del vagabundaje, del hombre sin techo: «dos maneras de exponer la humanidad: como residuo expuesto a desaparecer pero también como cuerpo resistente que mantiene un proyecto vital». El acento político del arte se reformula, de este modo, para situarse en el momento en que éste suspende las certidumbres estabilizadas y consensuadas acerca de qué es una vida, y fundamentalmente en la capacidad de mostrar las vidas precarias no como vidas destinadas a desaparecer sino como vidas resistentes, amparadas en un resto que las resitúa, permanentemente en oposición a los modos de producción del capital. De esta forma, Quintana concluye en la necesidad de observar en detalle dichos lugares intersticiales del trabajo y la sociedad, en tanto que «el arte y nuestra propia práctica como críticos supone enfrentar la fantamasgoría de un mundo sin resto».

 

Finalmente, en «Imágenes (políticas) de vida: ¿el animal?, ¿el fósil? Figuras del prisma poshumano en la obra de Nuno Ramos», Victoria Cóccaro indaga las formas de deconstrucción de la Forma Hombre moderna, a través del uso que realiza el artista brasilero Nuno Ramos del elemento fósil y del sentido táctil, como orientación preeminente de zonas que, con la crisis de la autonomía del arte, se aproximan en su inespecificidad —aquí el concepto alude al libro de Florencia Garramuño, Mundos en común, de 2015—. Nuevamente, la potencia de vida se analiza a partir de los restos, como materias que condensan sobre sí una vida que desarma y descompone sus límites humanos, o bien, siguiendo las líneas de Gilles Deleuze y Michel Foucault, evoca fuerzas que siempre exceden a su forma, ubicándose en lo abierto o en el afuera de sus convenciones. El fósil como material radicalmente ajeno al bios desactiva la temporalidad biologicista, propone un tiempo histórico anacrónico.

 

La sección Miscelánea de este número incluye, por su parte, cuatro artículos. «L’assaig segons Joan Fuster: l’article literari como a modalitat del gènere», de J. Ángel Cano Mateu, analiza la categoría genérica de «artículo literario» —tensionada entre el campo periodístico y el literario— para argumentar su estrecha relación con la forma del ensayo a partir de un análisis de las reflexiones de Joan Fuster sobre el tema. Dichas intervenciones son puestas en diálogo con una serie de formulaciones teóricas sobre el género ensayístico, tomando como rasgos compartidos entre ambos tipos de producciones «la condición de tentativa, la provisionalidad y, consecuentemente, el carácter poco exhaustivo y fragmentario, o el dialogismo». En «Letras de celuloide: una lectura de 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat», Agustina Ibañez pone en contacto el poemario oquediano con los avances técnicos del cine de finales del siglo XIX y principios del XX. Este encuentro produce, según la autora, un texto híbrido en el que los procedimientos cinematográficos participan activamente del proceso de escritura y composición. Ibañez caracteriza el resultado del experimento poético-cinematográfico como un «texto pliegue», «un texto en tránsito entre y hacia lo textual, lo visual, lo poético». Por su parte, Cecilia Macón analiza, en «Teresa Wilms Montt: la visceralidad como activismo», la producción de la escritora chilena, muy particularmente su primera obra, Inquietudes sentimentales (1917), con el fin de situar la emergencia de una categoría de «intimidad» y la relación con el activismo feminista de corte anarquista. De este modo se traza una cartografía de los afectos que posee alcances políticos a la vez que dimensiones vitales. Como cierre de la sección, en «El materialismo vitalista de Diderot y el desarrollo de la novela moderna», Nicolás Martín Olszevicki examina la distancia que separa el proyecto novelístico de Denis Diderot, esbozado en su «Éloge de Richardson» (1762), de   su   praxis   concreta   como   novelista. A partir de una pregunta por el lugar que ocupa la novela en su sistema filosófico, el autor ubica la estrategia narrativa rupturista del autor como precursor impensado de la novelística moderna.

 

Por último, pero no por ello menos importante, la Nota crítica que se adjunta a este número resulta sumamente oportuna en el diálogo con nuestro monográfico. Se trata de «A quattro anni dall’Apocalisse. La strage di Orlando, Trump, “il gender” e le unioni civili in Italia», de Lorenzo Bernini. Allí se presenta en discusión su libro Apocalipsis queer (publicado en 2013 en Italia y en 2015 en España), donde el autor reflexionaba críticamente acerca de las políticas hegemónicas de las uniones civiles y las homogeneizaciones en materias de derechos humanos. Cuatro años después, Bernini vuelve sobre estas cuestiones en el marco de un resurgimiento de la derecha a nivel mundial, y en relación con acontecimientos histórico-políticos relevantes al campo LGTBI: entre ellos, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, la masacre en el atentado al local gay Pulse, en Orlando, en 2016; la aprobación de la unión civil entre personas del mismo sexo en Italia, en 2015, y el fin de la campaña del Vaticano contra la teoría de género en 2013. En dicha nota Bernini propone la necesidad de continuar pensando los modos en los cuales las formas de vida, de corporalidad y de sexualidad impulsadas desde los movimientos LGTBI cuestionan los procesos del Estado moderno y demandan reformulaciones filosófico-políticas y atención por parte del activismo, con el fin de detectar y defender a las comunidades de las manifestaciones, cada vez más asiduas, de odio, homofobia e intolerancia a nivel global.

 

Julieta Yelin (IECH, CONICET-UNR)

Irina Garbatzky (IECH, CONICET-UNR)

 

NOTA DEL CONSEJO DE REDACCIÓN DE 452ºF

Con el objetivo de favorecer la calidad y excelencia de 452ºF. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, a partir del presente número 17, la revista no continuará publicando las traducciones simultáneas de sus artículos. Nuestro compromiso con el plurilingüismo sigue presente en la publicación de artículos en las lenguas oficiales de la revista —castellano, catalán e inglés—, las cuales definen además el entorno, los resúmenes y comunicaciones de 452ºF, así como en la recepción y publicación de artículos en las otras lenguas romances.


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