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Teatro y Dictadura en el siglo XX

 

A lo largo de la historia las aproximaciones teóricas al fenómeno teatral han oscilado entre una caracterización meramente literaria y otra más espectacular. La irrupción de los Estudios Culturales en el panorama crítico más reciente plantea un cambio de paradigma que relega en cierta medida esta discusión al tiempo que posibilita un acercamiento más transversal al teatro como manifestación cultural de una sociedad determinada. De hecho, en tanto que forma artística viva que comunica con un público instituido en communitas, el teatro es uno de los fenómenos culturales que ejercen un mayor impacto en la sociedad. Las causas de ese impacto yacen en su propia idiosincrasia: por un lado, la comunión, la inmediatez y la intimidad que se establecen con el público y que están ausentes en otros géneros; por otro, el carácter colectivo del fenómeno teatral.

Estos atributos del proceso de comunicación teatral le confieren al mensaje que se transmite de la escena al público un fuerte potencial político, ya que su recepción, directa y colectiva, puede fomentar sentimientos de fidelidad u oposición en dicho grupo. Consciente de la fuerza que encierra un proceso de comunicación de esta naturaleza, el poder siempre ha intentado mantener un estrecho control sobre el teatro y arrebatarlo de las manos del enemigo, sabedor de su potencial para difundir la oposición y la heterodoxia. Pero al margen de entenderlo como una herramienta al servicio de la resistencia, el poder también ha intentado capitalizar el teatro como un vehículo mediante el que transmitir de manera efectiva su discurso ideológico hegemónico y perpetuar a través de él una sociedad obediente, en un proceso similar al operado por el resto de Aparatos Ideológicos de Estado (Althusser). Tanto para combatir la heterodoxia como para fomentar la ortodoxia, lo cierto es que las relaciones entre poder y teatro han sido tradicionalmente estrechas.

Este control teatral, pese a existir con mayor o menor grado en todas las sociedades, se observa con mayor virulencia en las dictaduras, que durante el siglo XX se extendieron a lo largo y ancho del globo. Es de notar que la relación que se establece entre estos contextos dictatoriales y el teatro es bidireccional: la dictadura reacciona ante el teatro bien para apropiarse de él o bien para blindarse frente a él; pero el teatro también reacciona frente a la dictadura tanto para protegerla como para atacarla. El propósito de este número monográfico de 452oF es analizar estas complejas relaciones. Con esta finalidad se abre esta convocatoria a trabajos que traten el tema “Teatro y Dictadura” en cualquier ámbito geográfico (incluyendo perspectivas comparatistas) y se ciñan al marco temporal del siglo XX. Desde el punto de vista de la dualidad epistemológica del hecho teatral, se aceptarán artículos que lo aborden tanto desde una perspectiva literaria como desde la escénica.Un listado no exhaustivo de posibles temas es el siguiente:


a) Teatro y Política: teatro político, teatro de agitación y propaganda, teatro de urgencia, teatro documento, teatro de masas; textos programáticos y poéticas teatrales.

b) Los Aparatos Teatrales al servicio del Poder: el papel de los Teatros Nacionales, los repertorios, la censura teatral, la edición, los premios.

c) Discursos de la obediencia: Ortodoxia política y Teatro.

d) Discursos de la resistencia: Heterodoxia política y Teatro.

e) El Exilio.

f) El Teatro como espacio para la Memoria.

 
Diego Santos Sánchez
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